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🗣️Cómo comunicar una separación puede influir en la manera en que los hijos afrontan el cambio. Saber qué decir, qué evitar y cómo responder a sus preguntas puede ayudarles a sentirse seguros cuando su familia empieza a transformarse.

Cómo explicar a los hijos que sus padres se van a separar según su edad y ayudarles a afrontar el divorcio.

Comunicar una separación a los hijos es una de las conversaciones más difíciles que pueden afrontar unos padres. No existen palabras capaces de evitar completamente el dolor, pero sí formas de transmitir la noticia que pueden ayudarles a sentirse queridos, protegidos y seguros en mitad del cambio.

Cuando una pareja decide separarse y tiene hijos, suele aparecer inmediatamente una de las preguntas más difíciles:

«¿Cómo se lo decimos?»

Y después llegan muchas más.

¿Cuándo es el mejor momento?

¿Tenemos que decírselo juntos?

¿Cuánto debemos contar?

¿Y si pregunta por qué?

¿Y si empieza a llorar?

¿Y si se enfada?

¿Y si nos pide que no nos separemos?

¿Debemos decirle que uno de los dos se ha enamorado de otra persona?

¿Y si es demasiado pequeño para entenderlo?

Es comprensible que los padres quieran encontrar las palabras perfectas. En muchas ocasiones existe la fantasía de que, si la conversación se hace exactamente de la manera adecuada, será posible evitar que los hijos sufran, pero probablemente el primer paso sea aceptar algo diferente:

No existe una forma de comunicar una separación que garantice que un hijo no sienta tristeza, miedo, rabia o confusión.

Y tampoco ese debería ser el objetivo. El objetivo es conseguir que, incluso sintiendo todas esas emociones, el niño continúe percibiendo algo esencial:

«Mi mundo está cambiando, pero sigo estando seguro dentro de él».


💭Antes de hablar: cómo preparar la conversación

Antes de hablar: no improviséis una conversación tan importante. La comunicación de una separación no debería producirse en mitad de una discusión, inmediatamente después de un conflicto ni como consecuencia de un impulso. Antes de hablar con los hijos conviene que los adultos hayan acordado, al menos, algunos aspectos básicos de lo que van a transmitir, no hace falta tener resuelto hasta el último detalle de la nueva organización familiar, pero sí sería recomendable poder responder a las preguntas que más afectan directamente a la seguridad del niño:

¿Quién se va a marchar de casa?

¿Dónde voy a vivir?

¿Voy a seguir viendo a mamá y a papá?

¿Tendré que cambiar de colegio?

¿Qué ocurrirá los fines de semana?

¿Seguiré viendo a mis abuelos?

¿Qué cosas van a cambiar?

¿Y cuáles van a continuar exactamente igual?

Para los adultos, el divorcio puede estar relacionado con años de problemas de pareja, pero para un niño, en cambio, las primeras preocupaciones suelen ser mucho más concretas: necesita saber qué va a ocurrir con su vida.

Por eso, cuanto más claros tengan los adultos los cambios inmediatos, mayor seguridad podrán transmitir.


💁🏻‍♀️¿Cuándo debemos decir a nuestros hijos que nos vamos a separar?

No existe un día universalmente perfecto. Sin embargo, tampoco suele ser recomendable comunicarlo con demasiada antelación cuando el niño tendrá que convivir durante semanas o meses con una incertidumbre que todavía no puede comprender. Por otro lado, tampoco conviene esperar hasta el último momento y comunicar, por ejemplo, que uno de los progenitores se marcha de casa al día siguiente.

El niño necesita un tiempo razonable para hacer preguntas, anticipar el cambio y empezar a procesarlo.

También conviene evitar, siempre que sea posible, fechas especialmente significativas como cumpleaños, celebraciones familiares o momentos importantes del curso escolar. Y, sobre todo, elegid un momento en el que haya tiempo.

No cinco minutos antes de ir al colegio.

No antes de acostarse.

No mientras alguien está preparando las maletas.

Es una conversación que puede necesitar silencios, preguntas, lágrimas y tiempo para estar juntos.

👫Siempre que sea posible, comunicad la separación juntos

Si existe una relación suficientemente respetuosa y la situación es segura, suele ser recomendable que ambos progenitores estén presentes y para esto hay una razón importante ya que el niño necesita empezar a comprender una idea que será fundamental durante todo el proceso: la pareja termina pero la parentalidad continúa.

Ver a sus dos padres transmitiendo conjuntamente el mismo mensaje puede proporcionar una primera sensación de estabilidad y esto no significa fingir que existe una relación maravillosa.

Significa poder decir:

«Hemos tomado esta decisión como adultos y los dos vamos a seguir cuidándote».

Naturalmente, existen situaciones en las que realizar conjuntamente esta conversación no es aconsejable o ni siquiera es posible, especialmente cuando existe violencia, intimidación, abuso o una situación de grave conflictividad ya que la prioridad siempre debe ser la seguridad.


🤷🏻‍♀️Qué decir a los hijos cuando os vais a separar

Una buena explicación debería ser verdadera, sencilla y adecuada a la edad del niño.

No necesita conocer toda la historia de la relación.

Necesita comprender aquello que le afecta.

Un mensaje podría ser:

«Mamá y papá hemos decidido que vamos a dejar de ser pareja y vamos a vivir en casas diferentes. Es una decisión que hemos tomado los adultos. Tú no has hecho nada para que esto ocurra y los dos vamos a seguir siendo tus padres y queriéndote exactamente igual».

Después podéis explicar los cambios que ya conozcáis pero si memorizar ninguna frase porque importante no es eso, lo verdaderamente importante es que aparezcan varios mensajes fundamentales:

Esto es una decisión de adultos.

No es culpa tuya.

No tienes que arreglarlo.

No tienes que elegir entre nosotros.

Seguiremos siendo tus padres.

Puedes seguir queriéndonos a los dos.

Vamos a cuidar de ti.

Probablemente estos mensajes tendrán que repetirse muchas veces durante los meses siguientes, pero sin lugar a dudas la frase más importante es: «No es culpa tuya»

Y por muy evidente que sea eso para un adulto para un niño no siempre lo es, a pesar, insisto, de la racionalidad, y muy especialmente durante determinadas etapas del desarrollo, ya que los niños pueden interpretar los acontecimientos familiares desde una perspectiva muy centrada en ellos mismos.

Quizá recuerden una discusión reciente con ellos, una mala nota, una rabieta o algo que dijeron y entonces, a partir de eso, construyan una explicación:

«Se separan porque me porté mal».

«Si hubiera sido mejor, esto no habría ocurrido».

«Tengo que conseguir que vuelvan».

Por eso no basta con esperar que comprendan que no tienen responsabilidad y es súper importante decírselo explícitamente:

«Nada de lo que hayas hecho, dicho o pensado ha provocado nuestra separación».

Y probablemente haya que repetirlo.


❌Qué NO necesitan saber los hijos

Honestidad no significa contar absolutamente todo, ya que existe información que pertenece a la intimidad de la pareja y que puede colocar al hijo en una posición emocional que no le corresponde.

Los hijos no necesitan conocer detalles sexuales de la relación, tampoco necesitan conocer reproches íntimos ni escuchar una lista de errores del otro progenitor, tampoco necesitan saber quién «destruyó la familia» y, sobre todo, no necesitan recibir información con el objetivo de que comprendan quién tiene razón.

Hay una pregunta muy útil que los adultos pueden hacerse antes de compartir determinada información:

«¿Le cuento esto porque necesita saberlo o porque yo necesito que lo sepa?»

La diferencia es enorme.

✅¿Qué decir si preguntan por qué os separáis?

Es muy probable que lo haga. La respuesta dependerá de su edad y de las circunstancias, pero generalmente puede darse una explicación verdadera sin introducir al niño en el conflicto adulto.

Por ejemplo:

«Llevamos un tiempo teniendo problemas que no hemos conseguido solucionar y hemos decidido que estaremos mejor viviendo separados».

Un adolescente probablemente pueda comprender algo más de complejidad que un niño de cinco años, pero incluso un adolescente sigue siendo hijo porque tener quince o diecisiete años no lo convierte en terapeuta, juez ni confidente de sus padres.

😢¿Qué hacer si vuestro hijo empieza a llorar?

Dejarle llorar, ya sé que parece una respuesta demasiado sencilla, pero a muchos padres les resulta extraordinariamente difícil porque ver sufrir a un hijo despierta inmediatamente el deseo de tranquilizarlo.

«No llores».

«Todo va a estar bien».

«No pasa nada».

Sin embargo, sí está pasando algo porque su familia está cambiando y puede estar triste porque tiene derecho a estarlo.

En lugar de intentar eliminar inmediatamente su emoción, podemos acompañarla:

«Entiendo que estés triste».

«Sé que esto es difícil».

«Puedes llorar todo lo que necesites».

Ten en cuenta que acompañar una emoción no significa aumentarla, significa enseñar que las emociones difíciles también pueden atravesarse acompañado.

😡¿Y si se enfada?

También puede ocurrir, hay niños que reaccionan llorando mientras otros permanecen aparentemente indiferentes, hay otros preguntan muchísimo y otros que se enfadan.

Pueden decir:

«Os odio».

«No quiero que os separéis».

«Es vuestra culpa».

«No pienso ir a la otra casa».

Ese enfado no necesita convertirse inmediatamente en una batalla, piensa que detrás de la rabia puede haber miedo, impotencia, tristeza o sensación de pérdida.

Podéis mantener los límites respecto al comportamiento y, al mismo tiempo, validar la emoción:

«Entiendo que estés muy enfadado. Tienes derecho a estarlo. Podemos hablar de todo lo que necesites cuando quieras».

La pregunta que más puede doler es: «¿Vais a volver?»

Muchos hijos mantienen durante un tiempo la fantasía de reconciliación y esto es comprensible. Si la decisión es definitiva, alimentar esa esperanza para evitarles sufrimiento puede acabar prolongándolo.

De ninguna manera conviene responder:

«Nunca se sabe».

«Quizá más adelante».

«Ahora necesitamos un tiempo».

Si sabemos que no refleja realmente la situación.

Podemos ser afectuosos y claros:

«Entiendo que te gustaría muchísimo que volviéramos a estar juntos. Pero hemos decidido que no volveremos a ser pareja. Lo que nunca va a cambiar es que seguiremos siendo tus padres».

La claridad también proporciona seguridad.


👶🏻🧒🏻Cómo explicar una separación según la edad

La misma conversación no puede mantenerse con un niño de cuatro años y con un adolescente de dieciséis ya que las necesidades emocionales son diferentes y también lo es su capacidad para comprender lo que ocurre.

Niños de 3 a 5 años

A estas edades necesitan explicaciones muy concretas ya que conceptos como incompatibilidad, problemas de pareja o separación emocional son demasiado abstractos.

Necesitan saber:

«Papá va a vivir en otra casa».

«Tú vas a seguir viviendo aquí».

«Verás a mamá estos días».

«Los dos te queremos».

Las rutinas y la previsibilidad son especialmente importantes y también puede ser necesario repetir muchas veces la misma explicación sin que eso signifique que no estuvieran escuchando, lo que realmente significa es que están intentando comprender una realidad nueva con las herramientas cognitivas que poseen.

Niños de 6 a 9 años

Ya pueden comprender mejor qué significa una separación, pero sigue siendo frecuente que aparezcan fantasías de reconciliación o sentimientos de culpa. Pueden hacer preguntas muy concretas y también preocuparse por cómo afectará el cambio a su vida cotidiana, En esta etapa es importante ofrecer respuestas sencillas, permitir preguntas y dejar muy claro que ellos no son responsables de solucionar nada.

Niños de 10 a 12 años

A estas edades existe una mayor comprensión de las relaciones y pueden empezar a tener opiniones muy intensas sobre lo ocurrido, pueden enfadarse con uno de los progenitores, intentar buscar culpables o querer conocer detalles.

Aquí lo que más conviene es escuchar sus emociones sin convertirlos en jueces de la relación ya que pueden comprender más pero eso no significa que necesiten saberlo todo.

Adolescentes

Los adolescentes entienden perfectamente qué significa una ruptura y pueden percibir muchas más cosas de las que los adultos creen, pero existe un error muy frecuente que es el de confundir su capacidad para comprender con una capacidad adulta para gestionar emocionalmente la situación.

Un adolescente puede entender una infidelidad, una crisis de pareja o años de conflictos pero eso no significa que deba convertirse en confidente. Además, puede reaccionar alejándose, mostrando irritabilidad o refugiándose mucho más en sus amistades.

Es importante respetar cierto espacio sin interpretar automáticamente esa distancia como indiferencia, aquí es muy importante para su bienestar emocional que no obliguéis a vuestro hijo a elegir ya que una de las experiencias más dolorosas para un niño durante una separación es sentir que querer a uno de sus padres significa traicionar al otro.

Puede ocurrir de formas muy evidentes:

«¿Con quién prefieres vivir?»

Pero también de maneras mucho más sutiles:

«¿Te lo pasaste bien con tu padre?»

icho con un tono que convierte cualquier respuesta en peligrosa.

O bien decir:

«Veo que allí estás fenomenal».

Los hijos siempre necesitan permiso emocional para disfrutar con ambos. Nunca deberían tener que esconder que lo pasaron bien en casa del otro progenitor para proteger nuestros sentimientos ya que un hijo debería poder querer libremente sin convertirse en responsable de las emociones de sus padres.

Nunca utilicéis a los hijos como mensajeros

«Dile a tu madre que el domingo llegaré a las ocho».

«Pregúntale a tu padre si ha pagado aquello».

«Dile que esta vez le toca a él».

Puede parecer algo pequeño, pero coloca al hijo literalmente en mitad de la relación entre los adultos y las cuestiones de adultos siempre deben hablarse entre adultos, incluso cuando la comunicación entre ambos resulte incómoda. Es importante tener en cuenta que lo que hagáis después de la conversación importa tanto como la conversación

Es fácil concentrar toda la atención en encontrar las palabras adecuadas para anunciar la separación, sin embargo, el verdadero proceso comienza después, en el momento en que los hijos comiencen a observar si lo que les dijisteis era cierto. Si prometisteis que podrían seguir viendo a ambos, comprobarán qué ocurre, si dijisteis que no tendrían que elegir, observarán vuestra reacción cuando hablen del otro y si dijisteis que podían preguntar, descubrirán si realmente podéis soportar sus preguntas.

La seguridad no se construye únicamente con palabras, se construye cuando las palabras coinciden con lo que ocurre después.

Mantener las rutinas puede proporcionar mucha seguridad ya que durante una separación existen muchos cambios que no pueden evitarse y precisamente por eso conviene preservar aquellas cosas que sí pueden continuar como el colegio, las actividades extraescolares, los amigos, los horarios, los rituales cotidianos o las visitas a familiares importantes.

Las pequeñas rutinas son las que proporcionan previsibilidad en un momento en el que muchas cosas parecen inciertas.

Para un niño, saber que el miércoles seguirá teniendo fútbol puede parecer insignificante, pero psicológicamente, puede significar: «Aunque muchas cosas estén cambiando, mi vida sigue teniendo una estructura».

No esperéis una única reacción ya que un hijo puede parecer perfectamente tranquilo el día que recibe la noticia y empezar a mostrar tristeza varias semanas después, puede empezar a hacer preguntas que creíais ya resueltas, puede volver a preguntar por qué os separasteis meses más tarde o puede atravesar momentos en los que parece completamente adaptado y después volver a sentirse triste durante una Navidad, un cumpleaños o unas vacaciones ya que el duelo y la adaptación no siguen una línea recta. Tampoco existe un plazo exacto después del cual un niño «debería haberlo superado».


🤷🏻‍♂️¿Cómo saber si vuestro hijo necesita ayuda psicológica?

No todos los niños cuyos padres se separan necesitan acudir a un psicólogo, hemos de tener en cuenta que la tristeza, la rabia o cierta preocupación pueden formar parte de una reacción normal ante un cambio importante.

Conviene prestar especial atención cuando el malestar es intenso, se prolonga, empeora progresivamente o empieza a interferir significativamente en su vida cotidiana.

Por ejemplo, ante:

Tristeza persistente.

Aislamiento importante.

Ansiedad intensa.

Miedo excesivo a separarse de los progenitores.

Alteraciones importantes del sueño.

Descenso acusado y mantenido del rendimiento escolar.

Cambios muy marcados de comportamiento.

Agresividad persistente.

Somatizaciones frecuentes.

Sentimientos intensos de culpa.

O dificultades importantes para adaptarse a la nueva situación familiar.

En estos casos, una valoración profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y qué necesita el niño. Posiblemente se trate de una conversación que continuará durante años. Pienso que esta sea una de las ideas más importantes de todo el artículo:

No vais a hablar del divorcio una sola vez.

La primera conversación simplemente abre un proceso ya que un niño de cinco años comprenderá la separación de una determinada manera, a los nueve hará preguntas diferentes, a los trece entenderá cosas que antes no podía comprender y  quizá a los veinte vuelva a preguntaros por aquella época desde una perspectiva completamente distinta. Eso no significa ni mucho menos que el divorcio haya quedado mal elaborado. Significa que, a medida que crecemos, reinterpretamos nuestra propia historia y aquí lo importante es que los hijos sepan que existe un lugar donde pueden volver a preguntar.


❓Preguntas frecuentes sobre cómo comunicar una separación a los hijos

¿Hay que decir a los hijos quién tomó la decisión de separarse?

Generalmente, no necesitan saber quién inició la ruptura. Presentar a uno como quien quería conservar la familia y al otro como quien decidió destruirla puede generar un conflicto de lealtades. La decisión puede comunicarse como una cuestión perteneciente a la pareja, aunque internamente haya partido de uno de sus miembros.

¿Debemos contarles que ha habido una infidelidad?

Depende de la edad, de las circunstancias y de qué información sea realmente necesaria. Los hijos no deberían convertirse en depositarios de detalles íntimos con el objetivo de justificar la conducta de uno de los progenitores o desacreditar al otro. La honestidad debe estar siempre acompañada de un criterio fundamental: protegerlos de información adulta que no necesitan gestionar.

¿Qué ocurre si uno de los progenitores ya tiene otra pareja?

Conviene diferenciar ambos procesos. El niño necesita primero comprender la separación y adaptarse a la nueva estructura familiar. La incorporación de una nueva pareja debería realizarse con sensibilidad y sin exigir una aceptación emocional inmediata.

¿Debemos preguntar con quién quiere vivir?

Escuchar la opinión de los hijos es diferente de hacerlos responsables de la decisión. La forma de abordar esta cuestión dependerá también de su edad, madurez y de las circunstancias familiares y legales. Lo que debería evitarse es transmitirles que tienen que elegir qué progenitor merece ser elegido.

¿Es mejor esperar hasta que los hijos sean mayores para separarse?

No existe una edad universalmente adecuada. La pregunta relevante no es únicamente cuántos años tiene el niño, sino qué tipo de clima familiar está viviendo. Mantener durante años una convivencia caracterizada por hostilidad, miedo o conflicto intenso tampoco es emocionalmente neutro.

¿Es malo que los hijos nos vean llorar?

No necesariamente. Ver a un adulto emocionarse puede enseñar que la tristeza forma parte de la vida. Lo importante es que el hijo no sienta que tiene que convertirse en quien consuela, protege o sostiene emocionalmente al progenitor.

Podemos llorar y, al mismo tiempo, transmitir: «Estoy triste, pero voy a estar bien. No tienes que cuidarme tú».

¿Qué hacemos si nuestro hijo no quiere hablar?

No hay que obligarlo. Podemos transmitir disponibilidad: «No tienes que hablar ahora. Cuando quieras hacerlo, puedes venir a preguntarme cualquier cosa».

Algunos niños necesitan tiempo antes de poder poner palabras a lo que sienten.

¿Y si nuestro hijo insiste en que volvamos juntos?

Podemos validar su deseo sin crear falsas expectativas: «Entiendo perfectamente que quieras que volvamos. Sé que esto no es lo que tú habrías elegido. Pero esta decisión corresponde a los adultos y nosotros no vamos a volver a ser pareja. Los dos seguiremos siendo tus padres».

Conclusión: no necesitan una conversación perfecta, cuando unos padres se separan, es comprensible querer proteger a los hijos de cualquier sufrimiento, pero probablemente ese objetivo sea imposible porque habrá tristeza, habrá preguntas, puede haber enfado y quizá aparezca miedo.

Lo que sí podemos hacer es evitar añadir a ese dolor otros pesos que nunca deberían pertenecerles como la culpa, los secretos, la necesidad de elegir, la responsabilidad de consolarnos, el miedo a hablar del otro progenitor o la sensación de que tienen que conseguir que volvamos.

Comunicar bien una separación no consiste en encontrar una frase capaz de hacer que nada duela, consiste en construir, conversación tras conversación, una certeza mucho más importante: «Aunque nuestra familia cambie, tú no tienes que sostenerla. De eso nos encargamos los adultos».

Porque los hijos pueden adaptarse a vivir entre dos casas, pueden acostumbrarse a nuevas rutinas o incluso pueden comprender que sus padres hayan dejado de quererse como pareja, pero lo que nunca deberían tener que aprender es que para conservar el amor de uno necesitan renunciar al otro.

Una pareja puede terminar. Una familia puede cambiar de forma. Pero un hijo debería seguir sintiendo que tiene permiso para querer, preguntar, enfadarse, echar de menos y continuar siendo exactamente eso: el hijo.

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