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Escucha este artículo en formato podcast · 23 min
Hay relaciones que sabemos que no nos hacen bien y, aun así, nos cuesta muchísimo dejarlas.

Lo sabemos, lo hemos hablado con amigos, hemos repasado una y otra vez las mismas situaciones, incluso podemos hacer una lista bastante precisa de todo aquello que no funciona.
Y, sin embargo, seguimos ahí.
A veces conseguimos alejarnos unos días, otras veces pensamos que esta vez sí será la definitiva. Hasta que llega un mensaje, una llamada, un encuentro inesperado o simplemente un recuerdo… y todo vuelve a empezar.
🎙️ En este episodio de No sé qué me pasa hablamos precisamente de eso: por qué podemos sentirnos tan enganchados a una persona que sabemos que no nos conviene.
Y para hacerlo contamos también con Yolanda, porque hay cosas que se entienden mucho mejor cuando, además de explicarlas desde la psicología, podemos hablar de cómo se viven desde dentro.
🧠 Saber que una relación no nos conviene no hace que dejemos de sentir
Este es quizá uno de los puntos más difíciles de aceptar.
Podemos comprender racionalmente que una relación nos hace daño y seguir sintiendo un enorme deseo de volver, porque entender algo y dejar de sentirlo son procesos diferentes.
La parte racional puede decirnos que esa persona no nos trata como necesitamos, que la relación nos genera ansiedad o que llevamos demasiado tiempo esperando algo que nunca termina de llegar, pero el vínculo emocional no desaparece automáticamente porque hayamos llegado a esa conclusión.
Por eso frases como «si sabes que no te conviene, déjalo» suelen servir de bastante poco. Si fuera tan sencillo, probablemente ya lo habríamos hecho.
🎢 Cuando nunca sabemos qué vamos a recibir
Hay relaciones especialmente difíciles de abandonar porque no son malas todo el tiempo. Y precisamente ahí puede estar parte del problema.
Hay momentos maravillosos, atención, cariño, mensajes, planes, sexo, complicidad, promesas… y después distancia, silencio, discusiones o indiferencia. Más tarde vuelve a ocurrir algo bueno y nuestro cerebro aprende a esperar.
En psicología conocemos este mecanismo como refuerzo intermitente: una recompensa que aparece de manera imprevisible puede mantener una conducta con una enorme intensidad.
No sabemos cuándo llegará el próximo momento bueno, pero sabemos que a veces llega.
Y esa incertidumbre puede mantenernos pendientes.
📱 Miramos el teléfono, esperamos un mensaje, interpretamos un silencio, sentimos alivio cuando finalmente aparece y después volvemos a esperar.
No siempre nos engancha únicamente lo que recibimos. También puede engancharnos la expectativa de volver a recibirlo.
❤️🩹 No echamos de menos solamente a una persona
Cuando una relación termina —o cuando intentamos alejarnos de ella— no perdemos únicamente a alguien. También podemos perder todo aquello que habíamos imaginado junto a esa persona.
Los planes, la posibilidad de que cambiara, la relación que pensábamos que algún día podríamos tener, aquella versión maravillosa del principio o incluso la sensación de quiénes éramos nosotros cuando las cosas iban bien.
Por eso algunas rupturas duelen tanto incluso cuando sabemos que la relación era insostenible.
A veces no estamos intentando recuperar únicamente lo que tuvimos, sino lo que todavía esperábamos llegar a tener.
Y renunciar a una posibilidad puede ser casi tan doloroso como renunciar a una realidad.
🧩 «Pero al principio no era así»
Esta frase aparece muchísimo y tiene sentido.
Cuando alguien ha sido cariñoso, atento o cercano durante una etapa de la relación, es fácil interpretar los momentos posteriores de distancia como algo temporal.
Pensamos que la verdadera persona es aquella que conocimos al principio y entonces esperamos que vuelva. Un día bueno puede convertirse en la confirmación de que teníamos razón: «¿Ves? Sigue estando ahí».
Y eso puede hacer que soportemos muchos días malos.
El problema es que una relación no debería evaluarse únicamente por sus mejores momentos.
También importa cómo nos sentimos la mayor parte del tiempo.
🔁 Irse, volver y volver a intentarlo
Salir de determinadas relaciones no siempre ocurre de una vez, puede haber varios intentos.
Nos alejamos, echamos de menos a la persona, volvemos, comprobamos que los mismos problemas siguen ahí y tratamos de marcharnos otra vez.
Desde fuera puede resultar incomprensible pero desde dentro, mucho menos. Porque cada regreso puede proporcionar durante un tiempo algo que llevábamos días o semanas necesitando: alivio, cercanía, esperanza, seguridad o la sensación de recuperar aquello que estábamos perdiendo.
Eso no significa que la relación haya cambiado, significa que volver puede aliviar temporalmente el dolor de habernos separado.
Y alivio y solución no son necesariamente lo mismo.
🪞 ¿Por qué unas personas nos enganchan más que otras?
No existe una única explicación.
Nuestra historia afectiva, nuestra forma de vincularnos, nuestras experiencias anteriores, la autoestima, el miedo a la pérdida, la necesidad de aprobación o el momento vital en el que conocemos a alguien pueden influir. También puede hacerlo nuestra manera de interpretar el amor.
Si durante mucho tiempo hemos asociado querer a alguien con esperar, luchar, demostrar, perdonar continuamente o intentar conseguir que alguien finalmente nos elija, es posible que una relación tranquila incluso nos resulte extraña.
Pero la intensidad no siempre es intimidad.
Y sufrir mucho por alguien tampoco demuestra necesariamente que exista un amor extraordinario, a veces demuestra simplemente que existe un vínculo extraordinariamente difícil de soltar.
🌱 Dejar de preguntarnos «¿por qué vuelvo?» para empezar a entender qué estoy buscando
Culparnos suele aportar bastante poco. Puede ser mucho más útil observar qué ocurre justo antes de volver.
¿Qué sentimos cuando esa persona desaparece?
¿Qué cambia cuando vuelve a escribir?
¿Qué necesidad parece calmar?
¿Qué esperanza recuperamos?
Porque quizá la cuestión no sea solamente entender por qué queremos tanto a alguien, puede ser comprender qué función está cumpliendo esa relación en nuestra vida. Y cuando conseguimos identificarla, empieza a ser posible buscar otras maneras de atender aquello que necesitamos.
No se trata de dejar de sentir de un día para otro, se trata de que, poco a poco, lo que sabemos y lo que hacemos puedan empezar a acercarse.
🎧 Escucha el episodio completo
En este episodio de No sé qué me pasa hablamos de todo esto con más calma y con algo que para mí lo hace especialmente interesante: combinar la explicación psicológica con la experiencia real de alguien que puede contar cómo se vive un vínculo así desde dentro. Porque desde fuera es muy fácil decir «yo me habría ido» pero desde dentro, las cosas suelen ser bastante más complicadas.
🎙️ ¿Por qué nos enganchan personas que sabemos que no nos convienen?
💚 Si alguna vez has sabido perfectamente que tenías que marcharte y, aun así, una parte de ti seguía queriendo quedarse, quizá este episodio te ayude a entender un poco mejor qué estaba pasando.
